agosto 04, 2012


CNE y los monitos de la baraja
Óscar Lucien

Una vez más el Consejo Nacional Electoral comete un acto de retaliación y de criminalización contra la asociación civil Ciudadanía Activa al prohibir de manera absolutamente arbitraria y sin fundamento una serie de micros institucionales que desde varios meses transmite, dentro de sus programas de opinión, el canal del noticias Globovisión. Ciudadanía Activa es una ONG que desde hace más de diez años mantiene una dinámica actividad, nacional e internacional, promoviendo valores democráticos, divulgando la Constitución Nacional y actuando en defensa de derechos civiles y políticos de los venezolanos. Como miembro activo de esa organización doy fe de las actuaciones diafanamente públicas, notorias y comunicacionales de Ciudadanía Activa ante el Tribunal Supremo de Justicia, el Ministerio Público, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo y ante el mismo CNE, presentando comunicaciones, solicitudes de amparos o medidas cautelares contra algún derecho ciudadano vulnerado.
Circunstancias absolutamente aleatorias, puesto que la motivación asociativa la determina la voluntad de defender los valores democráticos, han permitido que en Ciudadanía Activa concurran un conjunto de profesionales del ámbito del cine y la comunicación cuyo aporte ha sido fundamental para la producción y difusión de mensajes propios de la misión y visión de la organización. Películas documentales como “La lista: un pueblo bajo sospecha” (sobre el oprobioso apartheid bolivariano); “El único soy yo,: rumbo al totalitarismo del siglo XXI” (sobre el nefasto culto a la personalidad); y ¿Venezuela se uniforma? (sobre la militarización de la sociedad venezolana) para sólo citar tres documentales que constituyen una trilogía sobre el complejo proceso político de supresión de la democracia que vive nuestro país, han repercutido en una considerable visibilidad de Ciudadanía Activa. Y de manera relevante es conocida Ciudadanía Activa por su serie de micros sobre temas constitucionales y legales que se transmiten con frecuente periodicidad por Globovisión, por algunas estaciones regionales y, por supuesto, por Internet.
Este largo preámbulo tiene sentido para poner de relieve lo perverso de la reciente decisión del CNE de prohibir la serie de micros sobre ventajismo electoral que estaba difundiendo Globovisión, al calificar a Ciudadanía Activa “un tercero que está haciendo propaganda electoral sin estar inscrito en el CNE como actor político”. ¿Pero en qué cabeza cabe semejante perversidad? ¿Desde cuándo hay que ser actor político inscrito en el CNE para expresar una opinión? ¿De qué jugarreta se valen las rectoras del CNE para calificar de propaganda electoral unos mensajes que en ningún momento llaman a votar por alguna candidatura que es lo que, de acuerdo con la norma aprobada por ellas mismas, califica como propaganda? Si existe una institución pública venezolana que sabe que Ciudadanía Activa no es un partido político es el CNE. Numerosísimas comunicaciones han sido dirigidas a la Sra. Lucena, Rectora-Presidente y demás miembros del Directorio, a lo largo de una década, solicitando información sobre resultados electorales, proponiendo ideas de participación ciudadana, denunciando irregularidades, instando por cumplimiento y diligencia del CNE respecto de normativas electorales. Vale la pena recordar que en octubre de 2011 Ciudadanía Activa presentó una denuncia ante el CNE por la indebida declaración por parte del Presidente de la República del Despacho Presidencial de Miraflores como una base de patrulla electoral del PSUV, al mismo tiempo que instaba al CNE a promover una normativa electoral para regular la utilización de cadenas presidenciales durante la campaña. Nunca el CNE se ha dignado siquiera a dar acuse de recibo de estas comunicaciones aunque si se tienen los sellos respectivos de su consignación en la receptoría de la institución.
La medida de suspender los micros de CA tienen un evidente carácter retaliativo, que constituye un grave acto de censura que marca un grave precedente por cuanto censurar o limitar la opinión clausura el debate político del país. El supuesto gran logro del tránsito de la democracia representativa a la participativa queda sin efecto con esta absurda y arbitraria prohibición. Los ciudadanos no podemos ir a votar como los monitos de la baraja que ni ven ni oyen ni hablan. Para ejercer democráticamente el voto es esencial la deliberación y la confrontación de las opiniones. Si las rectoras quieren comportarse como los monitos de la baraja están en su derecho. Pero al hacerlo traicionan el mandato constitucional que juraron obedecer. 

mayo 24, 2012

RCTV, 5 años de silencio

Óscar Lucien


E n el contexto de la conmemoración de los cinco años del cierre de RCTV, repaso la introducción de un texto en imprenta, capítulo de una compilación de varios autores sobre "la farsa del Gobierno bolivariano", en el cual recurro al vocablo "impostura" para calificar la conducta del gobierno del teniente coronel Chávez en relación, no sólo con expectativas ciudadanas y reclamos de los sectores académicos sobre los medios de comunicación en Venezuela, sino, también, particularmente con compromisos y mandatos constitucionales.

Recordemos que entre los inconsistentes balbuceos para justificar lo que se evidenciaba era una perversa retaliación política, se habló del cumplimiento de lo determinado en el artículo 108 de la Constitución para aparentar un mínimo de legitimidad para la clausura de RCTV. Se habló en esa oportunidad de una televisión de servicio público, de democratizar las comunicaciones, de acabar con los oligopolios mediáticos.

¿Qué pasó en realidad? Se improvisa una televisora que usurpa la frecuencia que usaba RCTV, se le confiscan sus equipos (sus propietarios hablan de robo) y se coloca la nueva emisora al servicio de la impúdica maquinaria de propaganda y de culto a la personalidad del jefe del Estado. Se recurre a una terminología reivindicadora de aquellos que no tienen voz, pero el nuevo canal en lugar de permitir la expresión plural de todos los venezolanos se usa para el proselitismo y la exclusión. Es decir, una impostura. El término "impostura" lo tomo del ensayo Impostures intellectuelles publicado por Alan Sokal y Jean Bricmont para criticar cierto establishment académico.

A mediados de 1996, la prestigiosa revista norteamericana Social Text presentó a sus lectores un texto con el curioso título: "Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravitación cuántica", en el cual el autor, Alan Sokal, desarrollaba sus elaborados planteamientos apoyado en textos y citas de reconocidos intelectuales franceses y norteamericanos.

Poco después Sokal confiesa que, en realidad, su ensayo es una parodia para criticar el uso extemporáneo de terminología científica y extrapolaciones abusivas de las ciencias exactas a las ciencias humanas.

Al año siguiente, junto con Jean Bricmont, profesor de física teórica en la Universidad de Lovaina, publica el libro Imposturasintelectuales donde estos autores compilan y comentan textos que consideran mistificaciones físico-matemáticas de Jacques Lacan, Julia Kristeva, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze y Paul Virilo, entre otros, para demostrar que detrás de una jerga imponente y una aparente erudición, "el rey está desnudo".

Evoco el libro Imposturas intelectuales, por analogía con el concepto de "farsa", para tratar un capítulo de fundamental importancia, corazón del proyecto político que lidera el presidente Chávez: la relación entre comunicación y democracia en el autoproclamado socialismo del siglo XXI, a partir de las constataciones desarrolladas en mi texto Cerco rojo a la libertad de expresión.

El Diccionario de la Real Academia Española define el vocablo impostura como "fingimiento o engaño con apariencia de verdad". Convencido de que el propósito último del proyecto político del teniente coronel Chávez es su permanencia en el poder, adelanto la hipótesis de que en el campo de las comunicaciones todo el entramado legal y las decisiones administrativas y políticas de su gobierno ocultan un proyecto de sometimiento y silenciamiento de la sociedad, el cual se articula desde la confesada pretensión de lograr, la "hegemonía comunicacional.

Todas las acciones administrativas y legales del Gobierno, como las decisiones normativas que destacamos en sus exposiciones de motivo, aluden expresamente al propósito de la democratización de las comunicaciones. Pero al analizar la verdadera racionalidad de la ley o materialización de la misma, artículo por artículo, salta la liebre. Normas que, efectivamente, en su aplicación, limitan, restringen, censuran, criminalizan la garantía constitucional a la libertad de expresión y al derecho a la información de los venezolanos. Fue lo que ocurrió con RCTV.

Sin embargo, a cinco años del cierre de RCTV, el 27 de mayo de 2007, quiero valorar la gran movilización ciudadana que condujo a la derrota del inconstitucional proyecto de reforma del Presidente actual y, en vísperas del proceso electoral que se avecina, con la convicción de que elegiremos a un nuevo presidente, hacerme eco de la campaña promocional de la gente de RCTV: "Nos vemos en democracia". 

@olucien
El Nacional, 25 de mayo de 2012

abril 27, 2012

Morir en la red

Óscar Lucien


1. La primera noticia de su muerte me la da una vecina a muy temprana hora. Llego de caminar en el parque y coincidimos en el pasillo del edificio. ¿Qué noticias tiene usted?, me pregunta en voz baja, en esa extraña intimidad del ascensor. Confinados en el espacio de un metro cuadrado su sigilo me sorprende. "No, no sé nada, vengo de hacer ejercicio", le respondo cauteloso. Su mirada y el gesto que la acompaña me indican que piensa que le oculto algo. "El hombre murió anoche", me lanza directo. Automatismos desarrollados en estos últimos años permiten rápidamente entender que cuando nos hablan del "hombre", del "tipo", de "Esteban de Jesús", se están refiriendo al comediante presidente Chávez.

Insisto en que nada sé al respecto, salvo haber oído que el presidente Chávez nos visitará a mediados de semana, por pocos días, e inmediatamente regresará a seguirnos gobernando desde La Habana. "Bueno, regresará con los pies hacia adelante porque falleció anoche", me responde tajante.

Como siempre, esta amable vecina, como muchos venezolanos, se entera de episodios cruciales por intermedio de una amiga que tiene una prima que trabaja en una peluquería donde se hace sus cuidados la esposa de un general.

No es chanza; por regla general, la línea de transmisión de lo que ya podemos calificar de "rumor" tiene asiento en la butaca de una peluquería y unos tintes, en los lazos consanguíneos con alguna prima y en una fuente militar. Esta minicrónica doméstica concluye con la cordial despedida y con el compromiso de confirmar el rumor al que, lamentablemente para ella, no doy crédito.

2. Me conecto a Internet y allí, ahora sí, me sorprendo, se suceden los tweets con la "información" que la amiga de una prima que trabaja en la peluquería donde va la esposa de un general le sopló a mi vecina: "El presidente Chávez habría muerto en La Habana". Una ética y una disciplina estricta me protege para no retwitear ningún comentario que no provenga de alguna fuente creíble y calificada y, por el contrario, me pongo alerta para tratar de entender la naturaleza de determinado rumor. Calificamos de "rumor" un comentario que, en general, de manera oral pero ahora exponencialmente potenciado por las redes sociales, va pasando de persona a persona.

Quien transmite un rumor supone que transmite un hecho cierto, aunque no dispone de ningún medio probatorio. Un rumor, hay que aclarar, no es necesariamente producto de una mentira o invención de una mente fantasiosa. De hecho, y particularmente en el caso venezolano, el rumor surge de la sistemática negativa del propio presidente Chávez y su gobierno a consignar un informe médico periódico y calificado que dé cuenta del estado real de su afección. En un comienzo se negó que el presidente Chávez padecía de cáncer. Luego, él mismo, vocero único sobre su estado de salud, reconoció estar enfermo. Meses después anunció que ya se había curado. Y apenas hace unas semanas, nuevamente, en una teledramática cadena, reconoció el resurgimiento de la enfermedad.

Resulta evidente que sin información oportuna y creíble se abone el terreno a la especulación y, en ese sentido, el rumor se convierta en un cuestionamiento a la ausencia de información y a la censura impuesta por Chávez sobre un asunto del ámbito privado pero, igualmente, de altísimo interés público. Tan grave es el tema relativo a la enfermedad presidencial que está calificado, constitucionalmente, de "falta absoluta".

3. Escaldados como estamos, luego de haber estado expuestos a la obscena manipulación de la enfermedad presidencial, la dimensión política del rumor no puede dejarse de lado: el rumor puede ser utilizado, intencionalmente, para convertirse en noticia, como sospecho ha ocurrido en esta oportunidad.

El Gobierno ha montado un apabullante dispositivo propagandístico, por algunos calificado como la "Misión Lástima", que ha repercutido en buenos dividendos para la campaña del enfermo, el candidato reeleccionista del oficialismo. En consecuencia, la supuesta muerte del Presidente en la redes sociales opacó lo que en mi opinión era la noticia fundamental y trascendente de esta semana: no sólo por las graves acusaciones del magistrado rojo Aponte Aponte, sino por la repercusión en muchos de los casos objeto de manejos políticos. Cuatro días haciéndose eco de rumores sobre la muerte de Chávez me parece un gravísimo error político en la perspectiva de una contundente victoria de Henrique Capriles. La denuncia de Aponte pudo haber sido el "Efecto Atocha" (Madrid 2004) contra Chávez, en el marco del actual proceso electoral. Hay que estar muy cautelosos para no morir en la red del G2.

EL NACIONAL - VIERNES 27 DE ABRIL DE 2012