mayo 22, 2015

¿El país por cárcel?

ÓSCAR LUCIEN
22 DE MAYO 2015 - 12:01 AM

1. “Tengo Venezuela por cárcel”, cuatro palabras de Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual, con las cuales el reconocido político se excusaba de asistir al acto de entrega del Premio Ortega y Gasset que le confería el diario español El País. Palabras que sintetizan en buena medida el drama de muchos venezolanos como consecuencia de una justicia politizada.
El caso de Petkoff ha sido relevante por la notoriedad del personaje y por las características de un juicio político que viola el derecho humano a la libertad de expresión y al derecho a la información. En la viscosidad del pozo séptico en que se ha convertido la justicia en Venezuela, quizá pocos han reparado que sobre Petkoff, junto a la directiva de Tal Cual, pesa una orden de prohibición de salida del país y de presentación regular a los tribunales por lo expresado en un artículo de opinión por un columnista del diario. Ordinariamente, cuando alguien tiene una queja o desavenencia por alguna información que considera inexacta puede o debe tener la garantía del derecho a réplica para reparar el daño que eventualmente tal información errada pueda ocasionarle. No ocurre así en el caso de una opinión que, en última instancia, es patrimonio exclusivo, subjetivo de quien la emite. ¿Pero qué pasa si la persona que se siente agraviada parece tener el mismo poder de quien ocupa la Presidencia de la República? ¿Qué pasa si el agraviado es una persona como el capitán Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, considerado el hombre fuerte del régimen? ¿Qué pasa si ese “delito de opinión” se comete en Venezuela donde una jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia ha consagrado leyes de desacato, es decir, de excesiva protección para los funcionarios públicos?
Ocurre, entonces, lo que, trágicamente, sintetizan las palabras de Petkoff, atrapado por una prohibición de salida del país. Antes del desenlace del juicio, la jueza Bárbara César Siero impone una pena anticipada: el país por cárcel.
2. Para mayor infortunio y gravedad de la precaria situación de la libertad de expresión y el derecho a la información en nuestro país, cuando todavía no salíamos del estupor por el enconado acoso al diario Tal Cual y a su editor Teodoro Petkoff, otra jueza, María Eugenia Núñez (la referencia al género es mera constatación factual) impone igualmente una medida cautelar de prohibición de salida del país a veintidós directivos de medios y periodistas, incluido el mismo Petkoff, por una información que el demandante estima falsa o carente de pruebas. Obviamente, no es un mero detalle que la persona que se considera agraviada es, igual que en el caso anterior, el capitán Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. En esta ocasión lo escandaloso de la medida no tiene que ver solo con la cantidad de los involucrados en la sanción, ni siquiera porque la decisión de la jueza responde fielmente a la solicitud del demandante de prohibir la salida del país a los acusados, sino porque la demanda se hace sobre un asunto sobre el que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha fallado previamente: no existe delito alguno cuando se publica una información ya publicada por un tercero. El capitán Cabello no demanda al diario español ABCni al autor de la información, quien ha expresado estar dispuesto a presentar sus pruebas ante un tribunal sobre supuestos hechos vinculados con el narcotráfico y funcionarios venezolanos. Nuevamente, la respuesta de Cabello no es buscar la aclaratoria o rectificación de los diarios El NacionalTal Cual y el portal digital La Patilla sobre un tema de tanta gravedad que involucra a un alto funcionario del gobierno, sino el de poner al país por cárcel a venezolanos que piensan diferente a él.
3. En días recientes, Alfredo Romero, directivo de la ONG Foro Penal declaró a este diario que en Venezuela hay 89 presos políticos y 2.006 personas con libertad condicional, entre ellas, 21 estudiantes; 3 dirigentes políticos reconocidos, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos; también 8 mujeres y otras 5 personas detenidas por publicar mensajes en Twitter. En resumen, el cerco rojo a la libertad de expresión y al derecho a la información se ha recrudecido bajo el régimen de Cabello y Maduro.
¿Permitiremos los venezolanos que el país se nos convierta en una silenciosa cárcel para todos?

http://www.el-nacional.com/oscar_lucien/pais-carcel_0_632336886.html

mayo 17, 2015

Siete Días

Leonardo Padrón 
Sin voz 



LEONARDO PADRÓN LEOPADRON7@GMAIL.COM @LEONARDO_PADRON 
leopadron7@gmail.com @leonardo_padron 



S  usy sale sola. En realidad, no sé quién es Susy y no me importa su vida afectiva. Pero esa es la frase que la foniatra me pide que repita varias veces mientras ausculta mi garganta con un telelaringoscopio. Insistir en que Susy sale sola es una manera de verificar si el velo del paladar se contrae y eleva suficientemente contra la pared faríngea. Trato de pensar en la soledad de Susy mientras la otorrino (trabaja en equipo con la foniatra) introduce en mis fosas nasales un intimidante aparato llamado nasofaringolariscopio. (Esa palabra, nombrarla, también debería servir para probar algo en la vida). Me siento invadido. Pero esta vez es imprescindible. Perdí la voz. Y me la están buscando.

*** 

La noche anterior, en una presentación en Valencia, me quedé afónico en la segunda frase que pronuncié ante un auditorio lleno de gente. Tuve que urgir a la actriz Tania Sarabia para que anticipara su entrada al escenario. Regresé a la tarima veinte minutos después y fue inútil. La voz se me deshilachaba a medida que atravesaba las cuerdas vocales.

El público, en estos casos, suele ser generoso y te regala un aplauso que sirve como ungüento para aliviar la frustración. Pero igual no tuve más opción que replegarme el resto de la noche en un silencio ominoso. Hay una sensación de espanto cuando quieres expresarte y no puedes. Cuando cada intento de sílaba se estrella contra el silencio. Tus opiniones y pensamientos se convierten en un muro blanco.

El silencio es blanco. ¿O negro?

*** 

Casualmente, ese mismo día, dos periodistas de El Carabobeño que habían ido a entrevistarnos al hotel, cargaban en una cartulina la angustia de su inminente afonía. Allí habían escrito #YoSoyCarabobeño y nos inquirieron por una foto al lado de esa proclama.

Los periodistas estaban en campaña. El periódico había entrado de nuevo en el quirófano de las emergencias. Una vez más sin papel. Las bobinas agonizando. Lo que queda alcanza sólo para un mes de vida. Trescientos trabajadores están en riesgo de perder su trabajo.

El Carabobeño, uno de los periódicos más importantes de la región central, tiene un defecto: es independiente.

Desde hace más de ochenta años está acostumbrado a manejar su propia línea editorial.

Nació en dictadura y desde entonces cuestiona al gobierno de turno cuando siente que debe hacerlo. Sus periodistas procuran hacer su trabajo normalmente.

Pero, en este país, querer ser normales es un riesgo extremo, un pecado mortal. Tener voz propia es un delito. El régimen así lo ha decidido. A los medios de comunicación independientes les tuerce el cuello, les niega divisas, les obstruye el acceso al papel, les quita publicidad, los multa, los amenaza. Los más dúctiles y temerosos se aprestan a la autocensura.

Abren sus piernas y cierran los ojos. Otros, prefieren vender hasta los enchufes y mutan en otro negocio.

La afonía, quién lo duda, se expande como vértigo a lo largo y ancho del país.

Lugar sin voz.



***

Dos días después, el lunes 11 de mayo, El Impulso –un periódico centenario, emblema del estado Lara– publica un editorial donde anuncia que reducirá su edición a un solo cuerpo de ocho exiguas páginas. El editorial advierte que “mientras la prensa independiente vive con un pie en el abismo, los medios oficialistas circulan sin apremios ni recortes”.

Semanas atrás, en un acto de arrojo, el Diario Tal Cual, resucitó con un semanario que promete ser imprescindible y con un editorial histórico contra su verdugo, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. El hombre del mazo, a su vez, logra que se le prohíba la salida del país a 22 directivos de los tres medios de comunicación nacionales que osaron replicar una noticia aparecida en un diario español.

No se muevan. Están en la mira.

Mientras tanto, pranes, luceros, sicarios, malandros y otras variantes circulan por nuestras calles, con sus caballos de hierro y sus armas en ristre, matando gente como en una mala película de vaqueros con exceso de sangre.

De hecho, si de verdad Susy sale sola, Susy está loca de bolas.



***

Jengibre no sirve del todo. Ni clara de huevo. Miel no es suficiente. El ron es solo un mito. Además irrita.

Evite el desfile de remedios caseros. Cuide su voz.

En estos tiempos, es un acto de dignidad preservarla.



***

En apenas dos días viajo de Caracas a Valencia y luego a Maracaibo. Un intensivo de país que te restriega el catálogo de sus precariedades.

La Autopista Regional del Centro sigue incrementando su reputación de guillotina.

Choques y lesionados es parte del menú diario.

Te detienes en algún tarantín del camino.

La dueña, cocinándose bajo un calor bochornoso, sin aire acondicionado y sin agua para vender, relata los tres atracos sufridos en el mes. Ya el establecimiento es otro, mucho más precario, gracias a los sucesivos desfalcos. Está al borde de la carretera, pero rodeada de vecinos. Todos saben quién la ha robado. Todos callan. El miedo los vuelve afónicos.



***

Regreso a Caracas. Antes de viajar a Maracaibo, busco mi voz en el consultorio de una especialista en San Bernardino. Entre otras prudencias, me receta un antialérgico para mi ya diagnosticada laringitis viral. En dos horas debo estar en el aeropuerto. Comienza la búsqueda frenética: corro a la farmacia Cajigal, nada; señor, dos cuadras más allá hay un Farmatodo; cola y escasez me sacan del sitio; vaya a Parque Caracas, ahí hay un Locatel; fracaso, vuelta a otro Farmatodo; de nuevo el gentío, la cola serpenteante, la mezcla de hartazgo y humillación en los rostros; la vendedora que te dice no hay y agrega: “sí, todo es muy triste”.

Sin voz no puedo ni protestar. Me resigno a viajar sin el remedio. Esa es otra forma de represión, pienso.

Está censurada la salud de los venezolanos.



***

Ya en el aeropuerto, voy a la sala de embarque. Hay dos colas. Una, la oficial. Otra, la de los que se paran, así como al descuido, cerca de la puerta de acceso al túnel que te lleva al avión. Esos, una vez activado el embarque, se van infiltrando, graneaditos, de dos en uno, de tres en cuatro. Somos tan avispados. Tan pícaros.

Tan que creemos que nos la estamos comiendo.

Mientras mi cola se tarda más de lo debido veo una imagen extraña: el avión estacionado y una robusta mujer que asoma por la ventana del piloto. Parece a punto de caer. No lo hace porque está atascada en un conflicto entre su abdomen y el estrecho agujero.

Mientras, limpia con un cepillo las otras ventanas del avión. Les echa agua con una botella grande de Minalba. El agua que no hay en el restaurant del aeropuerto.

Ruego por la pulcritud del resultado. Que el piloto pueda luego avistar zamuros, tormentas y balizaje.

Alguien graba la escena con su celular. Otros ríen. Todo suena tan precario. Tan bananero.



*** 

Aterrizo en Maracaibo. El aeropuerto es una estufa gigante. Pareciera faltar muy poco para el hervor de todo lo circundante. Un policía me confiesa: “Tenemos ya 9 meses sin aire acondicionado. Una desgracia”.

El mal humor se hace expansivo. La gente apenas se mueve para no terminar de deshidratarse.

Una modorra mortal cubre los pasillos sin ventilación. Un maracucho hace un chiste a propósito de la instrucción del ministro de Energía Eléctrica de ahorrar energía.

Allí alguien tomó la medida 36 semanas atrás.

Ya en la ciudad, toda esa gente que no tiene voz pública comparte con ansiedad los avatares de este extraño país.

Hablan, por ejemplo, del acuciante problema del contrabando de gasolina.

Allí parece haber consenso. No hay quien no exprese que los verdaderos gerentes del bachaqueo de gasolina son los propios militares. Confirman que el negocio es multimillonario y hay muchas conciencias compradas en el camino. Mientras escucho el relato llego a una Maracaibo atiborrada de vallas con el rostro del gobernador Arias Cárdenas. La réplica exasperante de su imagen. Otra de las turbias herencias del “Venezolano-Más-ImportanteDe-Los-Últimos-Cien-Años”. El culto al ego.

Sin palabras.



***

A la periodista deportiva Geisha Torres la despidieron de su trabajo en el canal oficial TVES por una foto tomada con Henrique Capriles muchos años atrás. La persecución política viene con retroactivo.

Tu pasado importa y no se perdona. La dejaron sin voz a los tres días de haber comenzado su trabajo. La periodista muestra otra foto de la misma época, esta vez con el presidente del canal, otrora animador de exótico vestuario, para demostrar la versatilidad ideológica de sus fotos.

No funciona. Estás despedida. Sin micrófono.

La voz apagada.



*** 

Hoy aún me duele hablar. Las vocales me arañan la garganta. He sido conminado a no hacerlo durante largas horas. Juego a imaginar si la orden se hiciera extensiva a una semana, dos meses, tres años, la vida. Me da por pensar en RCTV, en tantas emisoras de radio extinguidas, en tantos periódicos y portales web borrados, en el sinfín de periodistas expulsados, en los que han tenido que emigrar o cambiar de ramo. Pienso en la afonía masiva que pretenden. En las consecuencias que trae en este país cada frase crítica que se descuelga de nuestros labios. En los líderes políticos que ya no tienen vitrina donde expresar sus propuestas. En la cárcel, que es otra forma de afonía. En los que ya están tan lejos que no se les oye la voz. En la gigantesca mordaza que nos va cubriendo.

El país mudo. Eso necesitan. Que no se escuche la queja, el reclamo, el hastío. Que sólo suene la voz oficial a través de una cadena que a su vez estrangula a las demás gargantas.

También pienso en esa voz tajante y multitudinaria que es el voto. La mejor opción contra la afonía. Mejor que el jengibre y la miel. Mejor que ese muro blanco, ¿o negro?, que es el silencio. El único antibiótico posible contra la epidemia de la sumisión.


EL NACIONAL - DOMINGO 17 DE MAYO DE 2015

mayo 13, 2015

Imponen prohibición de salida del país a 22 directivos de medios

El presidente-editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero/ EFE
El presidente-editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero/ EFE
Los representantes de El Nacional, La Patilla y Tal Cual deberán presentarse ante el tribunal semanalmente
La jueza 12ª de juicio, María Eugenia Núñez, impuso prohibición de salida del país a 22 directivos de El NacionalLa Patilla y Tal Cual, acusados de difamación agravada continuada por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.
Como lo pidió Cabello el 23 de abril de 2015, cuando interpuso su acusación, la jueza Núñez también acordó que los 22 acusados deben presentarse una vez a la semana ante el tribunal.
La información trascendió extraoficialmente, pues los afectados no han sido formalmente notificados. También extraoficialmente se supo que el presidente de la Asamblea Nacional ratificó su acusación el 28 de abril y que el tribunal la admitió el 5 de mayo.
La acción judicial de Cabello se fundamenta en la reproducción en El Nacional, La Patilla y Tal Cual (entre otros muchos medios de comunicación nacionales y extranjeros) de la información publicada por el diario español ABC, a partir de los señalamientos de Leamsy Salazar, ex jefe de seguridad del presidente de la Asamblea Nacional. Salazar acusó a Cabello de estar involucrado en el tráfico internacional de drogas, específicamente de ser uno de los líderes del llamado Cartel de los Soles. La noticia publicada en ABC el 25 de enero de 2015 fue suscrita por el corresponsal en Washington Emili J. Blasco, y avalada por el director Bieto Rubido. 
En la querella interpuesta por el presidente de la Asamblea Nacional se alega  que “desde el día 27 de enero de 2015 han venido en forma sistemática y progresiva apareciendo múltiples informaciones en El NacionalTal Cual y La Patilla, de los que desprendemos el grave perjuicio que estos medios han generado sobre nuestro representado, su reputación y honor”.
La Corte Interamericana de derechos Humanos, al sentenciar el caso Mauricio Herrera Ulloa vs Costa Rica, el 2 de julio de 2004, reivindicó la doctrina del reporte fiel, según la cual no incurre en delito el que reproduce información de terceros.
Después de admitida la demanda, que en este caso habría ocurrido el 5 de mayo, cada uno de  los 22 acusados por Cabello debía ser citado personalmente por el tribunal, cosa que no habría sucedido. El presupuesto de validez de todo juicio, de cualquier naturaleza, es la citación, pues de lo contrario se trataría de un proceso a espaldas de los afectados, lo cual implica una violación del debido proceso.
En el escrito acusatorio suscrito por Cabello se argumenta que la prohibición de salida del país y la presentación periódica ante el tribunal de la causa obedece a “presunciones razonables” de peligro de fuga y de obstaculización de la justicia, conforme a lo establecido en los artículos 237 y 238 del Código Orgánico Procesal Penal.
Los señalados en la demanda de Cabello y afectados por las medidas impuestas por la jueza Núñez son: Miguel Henrique Otero, Mariana Otero, Argenis Rafael Martínez Mota, José Simón Elarba Haddad, Oswaldo Karam Macía, Luis Carlos Serra Carmona, Juan Andrés Wallis Brandt, Omar José Delgado Lugo, Jorge Papatzikos Gianopulos, Vivianne de Lourdes Font Fernández, Ramón José Medina Simancas, Beatriz Cecilia De Majo de Algisi, Carmen Elena Macía Fortique, Leopoldo Eduardo López Mendoza, Teodoro Petkoff Malec, Juan Antonio Rafael Golia Amodio, Francisco Layrisse, Manuel Antonio Puyana Santander, Alberto Federico Ravell Arreaza, Isabel Cristina Ravell Nolck y David Alberto Morán Bohórquez. 
El curso de la querella
Con la legitimidad que le da ser uno de los acusados, Manuel Antonio Puyana Santander se encargó personalmente de seguirle el curso a la demanda de Diosdado Cabello.
“El mismo 25 de abril, el caso fue remitido al Tribunal 12° de Juicio. Desde entonces, todas las semanas me apersoné al juzgado para revisar el contenido de la querella. El 29 de abril me entrevisté con la jueza y la secretaria. Me dijeron que no podía ver el expediente hasta que la demanda fuese ratificada por Cabello. Y hasta el 4 de mayo insistieron en que debía esperar por la ratificación. ‘Eso es así y punto’, me señalaron ante tanta insistencia de mi parte”.
Puyana informó que el 11 de mayo se enteró de que en el expediente consta que la ratificación se formalizó el 28 de abril y que, el mismo 5 de mayo, cuando se admitió la demanda, la jueza había decretado la prohibición de salida del país y la presentación periódica ante el tribunal contra los 22 acusados.
“Yo me di por notificado porque me presenté al tribunal, e incluso solicité que me asignaran un defensor público, pues nadie quiere incumplir la voluntad del acusador”, dijo Puyana.